jueves 25 de junio de 2009

ABC1 en indie.cl

Pinche sobre la foto para acceder a la reseña de la obra ABC1 en la revista digital indie.cl (con fotografías de Consuelo Mujica) o leala más abajo en este blog:


Cuatro jóvenes del barrio alto se reúnen en un departamento para celebrar al que se acaba de convertir en el dueño de éste y para despedir a uno de los amigos que se va a Francia a estudiar cine. El colegio ya quedó varias vueltas de esquina atrás y entre ellos se han terminado de marcas diferencias que se han vuelto irreconciliables. Catalina y Cristián (los conservadores), y Antonia y Benito (los no tan conservadores, pero no por eso liberales, aunque se mueran por querer parecerlo) son los protagonistas de la obra ABC1, escrita por los poetas y dramaturgos Pablo Paredes y Begoña Ugalde, y dirigida por Javier Riveros. Estas diferencias entre la parejita CC y la parejita AB (símbolos que podrían ser significativos) propician que estos nuevos adultos (más bien AB –cuicos hasta el hartazgo– y no tan C1 –cuicos a medias–, diría, en palabras sencillas, algún sociólogo familiarizado con este tipo de nomenclatura) se presenten como tipologías de la clase alta chilena.

Ciertamente, la sumatoria de estas cuatro personalidades tendría la pretensión de constituir un mapa de la etapa en que la clase alta deja de repetir lo que sus padres o curas aburguesados les inculcan, y comienzan a pensar por su cuenta las mismas aberraciones que ya pensó su ascendencia. Los cuatro sujetos en escena se chorrean de clichés que, a través del humor propiciado por la ironía, evidencia su contorno más patético. “Quiero que cuando estés en París me recuerdes con el pelo sucio, con el corazón roto, de rodillas en un peladero … quiero que cada vez que te acuerdes de mí inventes un recuerdo de pobreza … me gusta la pobreza”, dice Antonia, una estudiante de teatro aburrida de su vida sin conflictos. Benito, su pololo, siente que pasó toda su infancia en un orfanato de lujo, pues las madres ABC1 no tienen tiempo para criar a sus hijos; y ahora, que se despide antes de partir a París, se siente una víctima por aquello. Sin embargo, como artista, considera que sus historias no son dignas de ser contadas, aunque Antonia (quizás por su ansia de conflicto) le advierte, “a la gente sí le interesa la miseria de los cuicos”. Cristián, un empaquetado que jamás suelta su piscola, que nunca deja de sonreír y que se jacta del departamento que acaba de comprar (con plata de su propio trabajo: ingenieril quizás o con similar estatus) se desvive por asegurar que el Mapocho navegable es la mejor idea que se ha pensado para Santiago y condena cualquier idea formulada por Benito. Orgulloso de la educación de nivel que sus padres le dieron, admite, “Obvio que lo pasamos bacán en esa época, era choro decir que nuestros papás eran una mierda y que odiábamos su plata, qué se yo; pero yo ahora estoy feliz… sentarme acá, tomarme una piscolita…”. Catalina, en tanto, virgen y ad portas de terminar la carrera de psicología, dice con naturalidad, “yo creo que esta ciudad es entera hedionda” y no por eso siente que cae en contradicción por creer en Dios, y más aún, por creer que éste ha hecho las cosas bien. “Yo no sé si el mundo es justo o no, lo que yo sí sé es que las cosas son así, y así como están y son las cosas hay que tratar de estar felices, no gastarse el tiempo en pensar en cómo está el mundo”. Es por esto que a Catalina no le gusta hablar de política ni de nada que se aproxime a algún tipo de conflicto, como los que Antonia tanto desea.

Detrás de la ridiculización de los tipos de sujetos presentados por ABC1, habría una denuncia de la despreciable conciencia de la clase alta en estado de maduración (los imbéciles hijos de los responsables de los sueldos miserables y, a su vez, los futuros responsables de esa miseria de otros). Sin embargo, sobre la denuncia que, en un primer momento, hemos visualizado en el texto, se impondría una mirada compasiva por el objeto mapeado. A saber, los próximos –y no tan lejanos– dueños de todo. “Quiero que me partan, exijo ser partida esta noche por un flaite, por un nadie. Quiero llegar a una fiesta donde nadie me conozca y ese nadie me tome de la mano, me diga cosas sucias al oído y me de besos con sabor a piscola barata”, grita Antonia, buscando sanar su enfermedad, que no es otra cosa que la falta de conflictos. Catalina, en tanto, advierte que está cansada de ir al teatro y ver “a gente de plata actuando de pobre”. Quizás por la misma razón que las actrices de la Católica no convencen a Catalina de que en escena hay pobladoras de La Bandera, ABC1 sería incapaz de sostener la denuncia que pareciera querer formular.

No podemos hablar ni de las intenciones de los dramaturgos ni del director, pues no los conocemos (y aunque los conociéramos y los escucháramos, –con nuestra fidelidad al protagonismo del diálogo entre texto y recepción– cualquier información que nos dieran no tendría valor para hablar del tejido). Sí, en cambio, estamos en condiciones de sugerir que el texto (o la figura hipotética –y teórica– del autor implícito) es tan ABC1 como Antonia o Benito. Tal como ellos, el tejido buscaría autocompasión y, lo peor, justificación para lo ridículo y lo duro de la clase mapeada.

ABC1 de Begoña Ugalde y Pablo Paredes.
Dirección: Javier Riveros.
Duración: 1 hora 10 minutos.
Elenco: Constanza Alemparte, Emilio Edwards, Pablo Manzi, Mariela Mignot.
Fecha: desde el 4 de junio hasta el 12 de julio.
Lugar: Sala Sidarte, Ernesto Pinto Lagarrigue Nº 131, Barrio Bellavista.
Horario: Viernes y sábado 21::00 hrs. Domingo 20:00 hrs. Precio: $ 3.000 entrada general. $ 2.000 estudiantes y tercera edad.

1 comentarios:

Laura Virtual dijo...

Como decian los Prisioneros: "Por qué los ricos tienen derecho a pasarlo tan bien si son tan imbéciles como los pobres?"