sábado, 26 de diciembre de 2009

Stgo a Mil: Los que van quedando en el camino en indie.cl

Pinche sobre la fotografía y acceda a la reseña de la obra Los que van quedando en el camino en la revista digital indie.cl (con fotografías de Gabriela Lobos) o léala más abajo en este blog:

Entre el 3 y el 31 de enero se realizará la XVII versión del Festival Internacional de Teatro Santiago a Mil, el que este año, con motivo de la celebración del Bicentenario de Chile, consagrará su programación a recordar los 200 años de nuestro teatro. Para cumplir con este objetivo, el festival presentará un listado de montajes que fueron preparados a partir de una serie de textos y obras que podrían constituir una suerte de canon de la historia de la dramaturgia y el teatro nacional. Estos títulos, ya sea por su importancia en el momento del estreno de su primera versión teatral o ya sea por los efectos que éstas han producido con posterioridad en la forma en que la realidad es representada, han contribuido en los procesos simbólicos que forman parte de la construcción de identidad nacional, en la mayoría de los casos denunciando prácticas abusivas bajo las lógicas impuestas por los poderes hegemónicos.

Entre estas obras destacan Ernesto de Rafael Minvielle, obra creada bajo los parámetros de las relecturas que Latinoamérica hizo del romanticismo europeo a mediados del siglo XIX, que en esta ocasión será dirigida por Manuela Infante, desde una perspectiva deconstructivista, posiblemente (la imagen que acompaña la información de esta obra en la página de Santiago a mil, junto con parte del anterior trabajo de esta directora, así lo sugieren); Páramo, una reescritura de la obra de 1926 Amo y señor de Germán Luco Cruchaga, que en esta ocasión será dirigida por Luis Ureta; Entre gallos y media noche (1919) de Carlos Cariola, hoy bajo la dirección de Ramón Núñez; Cinema Utoppía (1985) de Ramón Griffero, quien nuevamente la dirigirá; Tres Marías y una Rosa (1979) de David Benavente, obra que, al igual que el 79, será dirigida por Raúl Osorio; Topografía de un desnudo (1967) de Jorge Díaz, dirigida por Alexis Moreno; Lo crudo, lo cocido, lo podrido (1978) de Marco Antonio de la Parra, bajo la dirección de Gustavo Mezza; Hechos consumados (1981) de Juan Radrigán, con la dirección de Alfredo Castro; y La negra Ester, entre otras.


Destaca, también, la obra Los que van quedando en el camino de Isidora Aguirre, estrenada en 1969 por el Departamento de Teatro de la Universidad de Chile, en la sala Antonio Varas, bajo la dirección de Eugenio Guzmán. En esta ocasión la obra será dirigida por Guillermo Calderón (autor y director de las obras Neva, Clase y Diciembre) y se presentará en la Cámara de Diputados del Ex Congreso Nacional. En la acción dramática, las semanas previas a las reformas de 1969 sobre la tenencia de la tierra en el campo chileno, Lorenza, una campesina que ha perdido a toda su familia, se enfrenta a todos sus muertos y rememora cómo ese conflicto histórico, en el que nunca los pobres son los favorecidos, ha sido el causante de las muertes de sus parientes y de tantos otros campesinos. A través de este recuerdo se estaría denunciando la fragilidad del proyecto que ha buscado, en diferentes décadas, romper con el abuso que los modos de producción generan en la relación patrón-peón. Frente a este panorama, Lorenza no tiene por qué creer que ahora (en el año 1969, que es cuando transcurren el tiempo principal que componen la acción dramática), los campesinos que se aprestan a marchar hasta la capital, sí lograrán sus objetivos. En relación con los hechos que componen esta obra, Calderón señala: “retrata un momento específico en el paso del gobierno de Frei Montalva al gobierno de Allende, en que los campesinos tienen ansiedad porque piensan que la Reforma Agraria una vez más no se va a cumplir, y hay matanzas en el pasado que atestigua que eso puede ocurrir”.


Los antecedentes anteriores permiten comenzar a entender que, en el marco de la conmemoración de los 200 años de Chile, la cartelera que forma parte de esta versión del Festival teatral más masivo del país, no responde a una mera celebración. Precisamente, esta suerte de canon que hemos enumerado (en parte) es un componente importante en los procesos de representación de la realidad nacional, en cuanto a que es capaz de proponer un intento de subversión de los modelos abusivos. De esta forma, la violencia, engarzada históricamente a la realidad chilena, tiene la facultad de reaparecer, por lo que estas propuestas dramáticas y teatrales tienen la posibilidad de reactualizar su vigencia a partir de los parámetros de un nuevo contexto histórico igual de abusivo. El texto original de Isidora Aguirre realiza una sola alusión a la violencia ejercida sobre el pueblo Mapuche. Sin embargo, a cuarenta años del estreno del primer montaje de Los que van quedando en el camino, el principal problema en relación a la tenencia de la tierra en nuestro país está asociado a los abusos cometidos a esta etnia. Sobre este asunto, Calderón comenta: “La lectura de los mapuches es tan directa que no es necesaria explicitarla. La falta de tierra hace una alusión directa a ese conflicto, por tanto va a saltar y esa es una actualización. Pero consideramos que no era necesario enfatizarla”.


En efecto, en Los que van quedando en el camino los símbolos no se presentan de forma explícita, pues este montaje recurre a las herramientas teatrales que propone Bertolt Brecht a mediados del siglo XX para la realización de un trabajo en las artes escénicas de tipo político: el Teatro Épico. Con estos recursos se busca evitar la representación realista y así mantener al espectador conciente de que lo sucedido en escena es teatro. No es casual, entonces, que los acontecimientos, que transcurren en el campo, sean representados en una imponente sala del Ex Congreso Nacional sin cambiar su decoración. Sobre esto, Calderón advierte: “La idea es que habitamos este lugar, que es donde se hace la ley. Estos personajes campesinos del alto Bio Bio siempre están haciendo alusión a la ley, pero paradojalmente la obra ocurre aquí, en el centro del lugar donde se hace referencia. Ese cruce tiene que ver con una vuelta histórica crítica. La única forma de enfrentar eso es poniendo mucho énfasis en el discurso ideológico que tiene la obra y poniendo a los campesinos casi como que fueran parlamentarios”.


Descartada la posibilidad de un teatro que responda sólo a una mera celebración, Calderón asume más bien las posibilidades que genera la realización de un teatro político, y da luces de sus intenciones: “En este montaje hay varios actores que eran del elenco original. Además, como esta obra representa profundamente la emoción política del año previo a que saliera elegida la Unidad Popular, era muy importante para mí que fueran actores que hubieran vivido la experiencia, que fueran capaces de traspasar no sólo la idea política sino también la emoción política”. Conciente de que el montaje de Los que van quedando en el camino puede generar efectos en la sociedad, Calderón concluye: “Esta es una obra de hace cuarenta años, entonces se lee con nostalgia de un momento en que había optimismo político. Yo quiero que haya una especie de reencantamiento con la emoción política como activadora del cambio social”. De esta forma, este montaje teatral genera la posibilidad de un diálogo que se extienda más allá de los límites de la sala teatral, siguiendo al espectador incluso a los lugares en que ya no cumple la función de espectador, sino de “actor” (en la sociedad).


Los que van quedando en el camino de Isidora Aguirre.

Dirección: Guillermo Calderón.

Elenco: Diana Sanz, Mario Montilles, Sergio Madrid, Mario Lorca, César Arredondo, Gabriela Medina, Violeta Vidaurre, Pedro Villagra, Mónica Carrasco, Sonia Mena, Víctor Rojas, Regildo Castro, Hernán Vallejo, Ramón Sabat, Eugenio Morales y Sergio Hernández.

Fecha: 6 al 8; 13 al 15; 20 al 22 y 27 al 29 de enero.

Horario: 21:00 hrs.

Sala Ex Congreso Nacional. Compañía 1131.

jueves, 24 de diciembre de 2009

acerca de La obra Ltda.


En un supermercado, cinco de sus empleados (tres mujeres y dos hombres) se revientan a diario promocionando la mayor cantidad de productos posibles, peleando por los turnos para atender las cajas, cercenando las carnes o disfrazándose de lo que el calendario de festividades les indique. Mientras tanto, la institución comercial que les otorga este trabajo, practica sobre ellos un tipo de violencia que queda en la más completa impunidad. Esta violencia, en tanto, es amparada por la sociedad que propicia la existencia de este tipo de instituciones, y los afectados, además de reventarse por tal abuso, comienzan a desear reventarse entre ellos. Esto último (práctica que la institución muy probablemente realiza con plena conciencia) no es un hecho insignificante, pues los cinco sujetos viven juntos para compartir los gastos de la vida invivible que llevan. Estos sucesos, presentados con el humor (y posterior estocada) que suele traer a colación la ironía, forman parte de la acción dramática del montaje La obra Ltda., que está presentando el colectivo teatral “i”, a partir de la novela Mano de obra de Diamela Eltit, en el subterráneo del White Lounge Session.

Los personajes de La obra Ltda. están evidentemente disconformes con lo que sucede en el supermercado. Sin embargo, se traicionan a sí mismos de, al menos, dos formas: primero, subordinándose a las jerarquías del terror entre pares igualmente explotados; y segundo, validando las formas de pensamiento que la institución impone a través de procesos de simbolización. En relación con lo primero, la institución organiza jerarquías absurdas entre los explotados que perciben el mismo sueldo ridículo. El supervisor aparece como una figura terrorífica que puede dejar a un pobre sin su insignificante única entrada de dinero. “Enrique, no hable así de los jefes del súper”, dice una de las muchachas. “Evitemos las peleas, por favor. Viene el supervisor”, advierte otra. “Ten cuidado cabro culiao, si te pillo sacando aunque sea una hoja de lechuga te acuso al supervisor y te sacan cagando de aquí”, sentencia una más. De esta manera, los trabajadores se ven obligados a buscar la forma de controlar al terrorífico supervisor. Una de las promotoras, entonces, confiesa: “Uno de los supervisores me lame el culo y yo también soy una lameculos, porque dejo que este viejo asqueroso me pase toda la lengua por el trasero. No me cuesta nada ser una lameculos, porque todos ahora son unos lameculos”. Así, la relación con las figuras que ocupan un aparente lugar más alto en la jerarquía, se presenta como natural e invariable; y más arriba del supervisor, los gerentes y la misma institución se presentan inalcanzables e inabarcables. Josefina, por ejemplo, ícono de la cultura pop que estaría actuando como contexto de esta obra, aparece en escena sólo como una voz que, en apariencia, premia, pero que, en el fondo, adoctrina, hipnotiza, aliena.

En relación con lo segundo, los empleados son entrenados para convencer a los clientes de que deben gastar y, a su vez, son convencidos de las bondades de la inversión aparentemente inteligente. Inconciente de que está siendo abusada, y convencida de que su institución la apoya, la promotora señala: “Si vas a gastar es mejor que te comprometas en serio, porque por unos pesos más puedes gozar de un producto verdaderamente superior. Yo sé de precios porque soy una experta. Incluso el súper me dio un diploma como la mejor promotora a nivel nacional de todo el país. Hicieron una fiesta tremenda, estaban desde los gerentes hasta nosotros”. Al igual que como ocurre con las jerarquías ilusas al interior de la institución (y de toda la sociedad occidental, donde se ha naturalizado la creencia de que existen clases de personas), la lógica del capital se presenta como algo natural, como algo que más encima buscaría favorecernos a todos, mientras que se hace evidente el asalto a los sujetos, amparado por el estado de derecho.

El espectador de La obra Ltda. muy probablemente se reirá con esta historia, pero lo hará no sólo por el intento de comedia que hallará en escena; se reirá, también, al reconocer el absurdo y el patetismo de circunstancias habituales de la sociedad de mercado, circunstancias que, de tan cotidianas, parecen terrorífuicamente inofensivas. Por último, el espectador se reirá, con la misma dosis de sentimientos absurdos y patéticos (y quizás también acompañados de la vergüenza), cuando asome, en los sujetos sometidos, la esperanza de salir de su estado de enajenación, para acto seguido reparar en que la institución tiene todo preparado para poder eternizarlos en su encierro.



La obra Ltda.
Del colectivo teatral “i” a partir de la novela Mano de obra de Diamela Eltit.
Dirección: Nicolás Herrera.
Elenco: Matías Guzmán, Johanna Peñaloza, Nelson Retamal, Denisse Romero, Daniela Rodríguez.
Fecha: del 5 al 20 de diciembre.
Lugar: White Lounge Session. Miraflores 620 (esquina Santo Domingo).
Horario: Viernes y sábado 21:00 hrs. Domingo 20:00 hrs.
Precio: $ 3.000 entrada general. $ 2.000 estudiantes y tercera edad.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Agatha en indie.cl

Pinche sobre la foto y acceda a la reseña de Agatha en la revista digital indie.cl (con fotografías de Gabriela Lobos) o léala más abajo en este blog:


En la más pequeña de las salas del teatro Sidarte se está presentando el montaje Agatha, realizado por la compañía La piedra de la locura a partir del texto dramático del mismo nombre escrito por Margarite Duras en 1981. En la acción dramática, un muchacho de veintipocos años y su hermana Agatha, cuatro años menor que él, se han vuelto a reunir, después de una larga temporada separados, sólo para despedirse para siempre. El amor incestuoso frente al que han cedido en el pasado, los obliga a esta separación definitiva. El lugar de la despedida es Villa Agatha, balneario donde los hermanos pasaron gran parte de las vacaciones de la infancia y donde perdieron la batalla por refrenar aquellos deseos que, con una pretensión universalista, han sido considerados como imposibles.


Una vez ahí, ambos son movidos por una fuerza centrípeta que intenta llevarlos a la convergencia. No es secundario, entonces, a nivel de construcción de símbolos, que el montaje se esté presentando en una sala tan pequeña. Sin embargo, (y en esto ha encontrado abrigo la ironía) la convergencia entre estos dos hermanos, que incluso se hunden en las arenas blancas de un balneario oscuro, jamás se concreta; y más bien es el movimiento centrífugo el que se busca. “Así que su cuerpo va a trasladarse lejos de mí, lejos de las fronteras de mi cuerpo… y yo voy a morir. Ya no será nada, ya no estará ni vivo ni muerto”, dice el muchacho. Agatha está decidida y advierte, “yo quería anunciar esta partida, como lo hago en este momento, frente a usted, frente a sus ojos. Cómo deseo sus ojos”. Su hermano, por su parte, intenta imponer una nueva decisión sobre la fuga, y dice: “Pero qué será de ellos, qué me quedará por ver si usted no está aquí”.


La posibilidad de la muerte se presenta, para los hermanos, engañosa por sus contradicciones. En un extremo de la ironía de la muerte, ésta sería el peor agente contra la realización de aquel amor. Agatha lo describe así: “Veo que tiene quince años, que tiene dieciocho años, que vuelve de nadar, que sale del agitado mar, que se tumba cerca de mí, que chorrea agua de mar, que su corazón late de prisa de nadar tan rápido, que cierra usted los ojos, que el sol es fuerte. Lo miro, lo miro después del miedo atroz de perderlo. Tengo doce años, tengo quince años y en ese momento la felicidad sería mantenerlo con vida. Le hablo, le pregunto, le suplico, ya que el mar es tan fuerte, que no vuelva a nadar, y entonces usted abre los ojos, me mira sonriente y los vuelve a cerrar. Entonces yo le grito que tiene que prometérmelo y usted no contesta. Entonces me callo, lo miro solamente, miro sus ojos debajo de sus párpados y todavía no sé nombrar ese deseo que tengo de tocarlos con mis manos. Rechazo la imagen de su cuerpo perdido flotando en el fondo del mar, en las tinieblas del mar”. En el otro extremo de la ironía de la muerte, ésta sería el resultado (la condena) de la realización de aquel amor. El hermano de Agatha lo describe así: “Hace un tiempo realmente hermoso a pesar del invierno que se acerca y de nuestro amor que se encamina hacia un viaje tan doloroso que será como morir”.


Este amor imposible representado en Agatha no necesariamente ofrecería una lectura literal. No es una discusión sobre el incesto o el amor (queremos aventurarnos) la que aquí se estaría presentando (no es tampoco la usual lectura biografista que abusa del dato conocido de Margarite Duras enamorada de su hermano muerto prematuramente); sino una discusión acerca de las materias planteadas como imposibles por sociedades donde los procesos de simbolización los realizan quienes ostentan el poder hegemónico (a saber, todas las sociedades actúan así). De esta forma, Agatha se articularía desde la contrahegemonía, recurriendo a un ejemplo de ideas que se presentan con la pretensión de ser consideradas como universales, y que en ese error construyen la ironía de la muerte (que es también un símbolo del absurdo que constituiría la violencia de imponer ideas presentadas como universales). “Me llamé a mí misma por primera vez, y por ese nombre. A esa que yo veía en el espejo la llamé como usted lo hacía, como usted lo hace. Usted dice, Agatha, Agatha. Lo amo como no es posible amar”, dice Agatha, insinuando, por un lado, la prohibición en ese “no es posible”; y por otro, destruyendo ese imposible al afirmar que ama. Ella y su hermano, entonces, se presentan como esos otros, diferentes, pero obligados a ser como todos; y a sentir que mueren tanto si optan por uniformarse o por quedarse desnudos.


Agatha de Marguerite Duras.

Compañía: La piedra de la locura.

Dirección: Daniel Madrid.

Elenco: Bessie Porta y Jaime Lorca.

Fecha: del 3 al 20 de diciembre.

Lugar: Sala Sidarte, Ernesto Pinto Lagarrigue 131.

Horario: Jueves a sábado 21:30 hrs. Domingo 20:00 hrs.

Precio: $ 4.000 entrada general. $ 2.000 estudiantes y tercera edad.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Las mudas en indie.cl

Pinche sobre la foto y acceda a la reseña de Las mudas en la revista digital indie.cl (con fotografías de Consuelo Mujica) o léala más abajo en este blog:

En Las mudas, obra escrita y dirigida por Daniela Contreras Bocic, tres mujeres se enfrentan al estado de postergación que padecen y, tras la posibilidad de perpetuación de tal condición, intentan generar una ruptura que la mayor parte del tiempo las sumerge aún más. Las tres mujeres (una adolescente llamada Lucy que decide no volver a hablar; su madre, una mujer desesperada por partir a México, donde la estaría esperando su novio del chat; y su abuela, una anciana que espera que la muerte se la lleve de una vez por todas) se enfrentan en su desazón, lo que altera primero que todo el lazo madre e hija. De esta forma, las oposiciones se establecen entre la adolescente y su madre, y entre la madre y la anciana.


La posibilidad de perpetuar el padecimiento de estas mujeres, el que puede ser leído como el padecimiento de “las mujeres” (propiciando que ésta pueda ser una obra que realiza su reflexión desde la posición de subordinación que padece el género femenino), se confirma en la sucesión de generaciones, en este matriarcado, siendo interpeladas por el título de la obra. Veamos: La muchacha ha decidido quedarse “muda”, tras ser negada en su entorno la integración de su diferencia; su madre espera que la “mudanza” a México la saque de su estado de abandono; y su abuela espera que alguien se digne a “mudarla”, como una guagua, mientras espera la llegada de la muerte. En tanto, el género masculino se esfuerza por estar ausente de este mundo.


La herencia del padecimiento actúa como una negación de la salvación, donde, en cualquier caso, la palabra “muda” no es más que una liberación temporal o aparente. “Contigo los temas se me acaban rápido” le dice a Lucy la compañera de escuela que, con su amor (o algo parecido), sí la ayudaría a terminar con su padecimiento. Para eso, por su puesto, Lucy debería abandonar la mudez en medio de las lluvias del invierno santiaguino.


El lazo roto entre los dos pares de generaciones consecutivas (madre e hija) anula la alianza en la lucha contra la postergación, alianza que se consigue sólo entre la adolescente y su abuela. Sin embargo, ambas experimentan una segunda postergación (la de la niñez y la ancianidad, en manos del aparente dominio de la adulta, la mujer que está entre medio de las otras dos: la madre de Lucy). Lo anterior insiste en la perpetuación del padecimiento; las soluciones temporales (las “mudas”) parecen ser, durante largo tiempo, la única solución.


Las mudas de Daniela Contreras Bocic.

Compañía: Teatrografía.

Dirección: Daniela Contreras Bocic.

Elenco: Rebeca Garrido, Teresina Bueno, Pamela Silva y Penélope Fortunatti.

Fecha: del 4 al 20 de diciembre.

Lugar: Sala de teatro El Par, Avda. Salvador Nº 1014 A.

Horario: Viernes y sábado 21:00 hrs. Domingo 20:30 hrs.

Precio: $ 3.000 entrada general. $ 2.000 estudiantes y tercera edad.