Pinche sobre la foto y acceda a la crítica de la obra Fausto 2 (El Tarot) en la revista digital indie.cl (con fotografías de Gabriela Lobos) o léala más abajo en este blog:
Imagine que va al teatro a ver cierta obra en que un personaje juega su alma en un pacto con el diablo. Luego piense qué sucedería su usted, espectador, ocupara el lugar de ese personaje. Eso está sucediendo este mes en Santiago.
Por Federico Zurita Hecht / Fotos: Gabriela Lobos.
En un espacio no habitual para el teatro, donde el espectador se encuentra accediendo a lugares en desuso al interior del edificio viejo del Hospital San José, se está presentando el montaje Fausto 2 (El Tarot) bajo la dirección y actuación de Juan Carlos Montagna. La obra busca interpelar al espectador, haciéndolo participar de la acción a través de lo que el personaje Mefistófeles, guiado por las cartas, pueda percibir de cada uno de ellos.
Al comienzo de la acción dramática, un diablo llamado Mefistófeles ya ha sido derrotado por Dios en la disputa por el alma de Fausto, tal como nos señalan los acontecimientos en el texto Fausto publicado por Johann Wolfgang von Goethe en dos partes entre 1807 y 1832. El cuerpo de aquel que había realizado el pacto con Mefistófeles yace en escena envuelto en sábanas. A partir del encuentro con esos restos de la vida material del protagonista del texto de Goethe, los espectadores del montaje de Montagna pasan a convertirse potencialmente en un nuevo Fausto, al ser expuestos al dilema de salvarse o perderse. Una vez que los asistentes son invitados a entrar al espacio que ocupa el diablo, éste se desvive por encontrar la pluma con la que Fausto ha firmado su pacto. Sin embargo, son las cartas del tarot las que permiten que los espectadores sean interpelados a través de la predicción.
Hay, en esta elección de formas, un intento por propiciar que tanto la representación como el referente representado confluyan en un mismo tiempo y espacio. Los actores y los espectadores, así, acceden a un estado ritual donde la fábula pasa a segundo plano, pues, a diferencia de otras representaciones, los hechos están sucediendo ahí por primera vez. Las lecturas predictivas que Mefistófeles realice de los destinos de los asistentes podrían constituir el mecanismo en que representación y referente confluyen para dejar expuestos a los asistentes a una verdad que está más allá de la palabra y las gestualidades. Para que esto funcione debe apelarse a la dimensión cruel, pues ahí residen las motivaciones del sujeto y se concreta la anulación de la falsa realidad sensible. Esto, naturalmente, recuerda el teatro que Antonin Artaud propuso en la tercera década del siglo XX bajo el nombre de Teatro de la Crueldad.
Identificada la influencia del teatro que Artaud propuso, en el montaje de Montagna, tras la confirmación de la elaboración de un teatro como rito, si algo le falta a Fausto 2 (El Tarot) es acceder a la crueldad que permita que los espectadores, al convertirse en personajes de esta realidad duplicada como un universo total, conozcan la verdad de sus mundos pulsionales. La interpelación que el montaje realiza en el espectador no se atreve finalmente a acceder al lado oscuro que devele, guiado por la crueldad, al ser humano más allá de su materialidad. Hay finalmente una mirada complaciente del espectador, el que, aun pudiendo retirarse deslumbrado y agradecido, no logra demoler su falsa verdad.
Fausto 2 (El Tarot) de Cía Interno.
Dramaturgia y Dirección: Juan Carlos Montagna.
Elenco: Juan Carlos Montagna y María Antonieta Astudillo.
Lugar: Salón El Carmen. Antiguo Hospital San José. San José 1053, Independencia.
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