
Los empleados de un supermercado se desviven por hacer su trabajo, mientras por altoparlantes suena, en algún momento, la voz de Josefina Correa, esa gerente que todos hemos visto en los comerciales de televisión. Con ironía La obra Ltda. Basada en la novela Mano de obra de Diamela Eltit, denuncia una de las formas de alienación en nuestra sociedad.
Por Federico Zurita Hecht
En un supermercado, cinco de sus empleados (tres mujeres y dos hombres) se revientan a diario promocionando la mayor cantidad de productos posibles, peleando por los turnos para atender las cajas, cercenando las carnes o disfrazándose de lo que el calendario de festividades les indique. Mientras tanto, la institución comercial que les otorga este trabajo, practica sobre ellos un tipo de violencia que queda en la más completa impunidad. Esta violencia, en tanto, es amparada por la sociedad que propicia la existencia de este tipo de instituciones, y los afectados, además de reventarse por tal abuso, comienzan a desear reventarse entre ellos. Esto último (práctica que la institución muy probablemente realiza con plena conciencia) no es un hecho insignificante, pues los cinco sujetos viven juntos para compartir los gastos de la vida invivible que llevan. Estos sucesos, presentados con el humor (y posterior estocada) que suele traer a colación la ironía, forman parte de la acción dramática del montaje La obra Ltda., que está presentando el colectivo teatral “i”, a partir de la novela Mano de obra de Diamela Eltit.
Los personajes de La obra Ltda. están evidentemente disconformes con lo que sucede en el supermercado. Sin embargo, se traicionan a sí mismos de, al menos, dos formas: primero, subordinándose a las jerarquías del terror entre pares igualmente explotados; y segundo, validando las formas de pensamiento que la institución impone a través de procesos de simbolización. En relación con lo primero, la institución organiza jerarquías absurdas entre los explotados que perciben el mismo sueldo ridículo. El supervisor aparece como una figura terrorífica que puede dejar a un pobre sin su insignificante única entrada de dinero. “Enrique, no hable así de los jefes del súper”, dice una de las muchachas. “Evitemos las peleas, por favor. Viene el supervisor”, advierte otra. “Ten cuidado cabro culiao, si te pillo sacando aunque sea una hoja de lechuga te acuso al supervisor y te sacan cagando de aquí”, sentencia una más. De esta manera, los trabajadores se ven obligados a buscar la forma de controlar al terrorífico supervisor. Una de las promotoras, entonces, confiesa: “Uno de los supervisores me lame el culo y yo también soy una lameculos, porque dejo que este viejo asqueroso me pase toda la lengua por el trasero. No me cuesta nada ser una lameculos, porque todos ahora son unos lameculos”. Así, la relación con las figuras que ocupan un aparente lugar más alto en la jerarquía, se presenta como natural e invariable; y más arriba del supervisor, los gerentes y la misma institución se presentan inalcanzables e inabarcables. Josefina, por ejemplo, ícono de la cultura pop que estaría actuando como contexto de esta obra, aparece en escena sólo como una voz que, en apariencia, premia, pero que, en el fondo, adoctrina, hipnotiza, aliena.
En relación con lo segundo, los empleados son entrenados para convencer a los clientes de que deben gastar y, a su vez, son convencidos de las bondades de la inversión aparentemente inteligente. Inconciente de que está siendo abusada, y convencida de que su institución la apoya, la promotora señala: “Si vas a gastar es mejor que te comprometas en serio, porque por unos pesos más puedes gozar de un producto verdaderamente superior. Yo sé de precios porque soy una experta. Incluso el súper me dio un diploma como la mejor promotora a nivel nacional de todo el país. Hicieron una fiesta tremenda, estaban desde los gerentes hasta nosotros”. Al igual que como ocurre con las jerarquías ilusas al interior de la institución (y de toda la sociedad occidental, donde se ha naturalizado la creencia de que existen clases de personas), la lógica del capital se presenta como algo natural, como algo que más encima buscaría favorecernos a todos, mientras que se hace evidente el asalto a los sujetos, amparado por el estado de derecho.
El espectador de La obra Ltda. muy probablemente se reirá con esta historia, pero lo hará no sólo por el intento de comedia que hallará en escena; se reirá, también, al reconocer el absurdo y el patetismo de circunstancias habituales de la sociedad de mercado, circunstancias que, de tan cotidianas, parecen terroríficamente inofensivas. Y ese es el problema. Por último, el espectador se reirá, con la misma dosis de sentimientos absurdos y patéticos (y quizás también acompañados de la vergüenza), cuando asome, en los sujetos sometidos, la esperanza de salir de su estado de enajenación, para acto seguido reparar en que la institución tiene todo preparado para poder eternizarlos en su encierro.
La obra Ltda.
Del colectivo teatral “i” a partir de la novela Mano de obra de Diamela Eltit.
Dirección: Nicolás Herrera.
Elenco: Matías Guzmán, Johanna Peñaloza, Nicolás Herrera, Denisse Romero, Daniela Rodríguez.
Productora: Carolina Villanueva.
Asistencia técnica: Paola Arancibia, Reinaldo Valencia.
Fecha y hora: del 15 al 30 de enero. 22:00 hrs.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada