lunes 10 de octubre de 2011

La explicacioón de un discurso abortado en Revistaintemperie.cl


LA EXPLICITACIÓN DE UN DISCURSO ABORTADO

Por Federico Zurita Hecht.

A los fragmentos que constituyen los acontecimientos de la obra 28-4-6-1 de la Compañía Teatro Momentáneo no se les puede exigir que se organicen siguiendo la forma en que tradicionalmente se distiende el esquema de la acción dramática. Este montaje, realizado a partir de relatos de Fuegos de Margarita Yourcenar, no busca la linealidad de obras como La señorita Julia o Gladys que recientemente estuvieron en cartelera en Santiago. Sin embargo, el uso de la fragmentariedad en la construcción dramática no implica falta de unidad. Ya bien lo han demostrado obras fragmentarias de los últimos años, como Celebración de la Compañía Teatro Público, Hans Pozo de la Compañía de Teatro La Nacional y Cristal tu corazón basada en crónicas de Pedro Lemebel. 28-4-6-1, en cambio, disuelve su potencial fragmentario en la falta de unidad, lo que a su vez produce indefinición en la construcción simbólica. Finalmente, se aborta el carácter discursivo propio del teatro.
El montaje, pese a estar realizado a partir de textos narrativos (los ya mencionados relatos de Fuegos de Margarita Yourcenar), opta, paradójicamente, por darle un lugar secundario a la palabra y prioriza por otros elementos escénicos. Así, el movimiento del cuerpo, la luz y las proyecciones en un fondo austero, buscan la construcción de imágenes. Pero esa búsqueda es precisamente la que atenta contra la construcción de discursos (y sabemos que los discursos no se construyen solamente de palabras), pues estas imágenes no parecen relacionarse entre sí para construir el argumento de la obra, ya sea que hablemos de argumento como el conjunto de acontecimientos de una acción dramática o como la serie de ideas ordenas que son expuestas en un debate para formular una tesis. De esta forma, en una búsqueda simbólica, aparentemente la obra 28-4-6-1 se estaría abriendo hacia una multiplicidad de eventuales discursivas. Con esto no pretendo decir que esta obra se equivoca porque el arte deba formular un único discurso inmutable en su tránsito por la historia y en su circulación por diferentes medios. Bien es sabido que toda textualidad ofrece más de una lectura, pero todas deberían ser factibles de ser justificadas por el que lee aquel entramado. 28-4-6-1, en la apertura antes planteada (que no es más que una apertura aparente), propicia que cada posible lectura no pueda contar con suficientes elementos de justificación para que el espectador de la obra sea capaz de sostenerla y defenderla.

Se podría apelar al carácter posdramático de este montaje. Sin embargo, este requerimiento epistemológico del teatro no propicia la necesidad de carecer de formulaciones discursivas (si el arte no formula discurso se convierte en ornamentación, pues esa es la diferencia entre los cuadros de Kasimir Malévich y el papel mural de una casa, por ejemplo). Nuevamente, ni lo fragmentario ni el carácter posdramático de un montaje justifican su falta de unidad. Esta construcción problemática se intensifica en el hecho de que a ratos 28-4-6-1 realiza el esfuerzo fallido de formular pequeños momentos discursivos que no se prolongan para constituirse como tal. Así, la obra transita con ambigüedad por asuntos que nos recuerdan vagamente la violencia de género, para más tarde aludir borrosamente a la violencia de estado (un video de uno de los personajes transitando por lugares emblemáticos del Santiago dictatorial no es suficiente para realizar esta alusión, y si en la sumatoria con otros elementos simbólicos –inexistentes en este caso– la obra pudiera finalmente construir con solidez esta alusión, no sería más que una construcción que nace debilitada a causa de la cursilería que la constituye).

En esta desintegración del tejido que los espectadores esperarían encontrar en 28-4-6-1, cobra importancia la injustificada presencia del intertexto con los relatos de Yourcenar. El intertexto se vuelve injustificado en el abortado diálogo que el montaje establece con su fuente referencial. No hay una satisfactoria construcción de un argumento (en los dos sentidos ya señalados) que permita establecer una semejanza económica entre los discursos de Fuegos y los inexistentes discurso de 28-4-6-1.
Tal como ya hemos probado señalar otras posibles argumentaciones que podrían esgrimirse para justificar tal construcción dramática, podemos agregar que alguien podría señalar que los símbolos de Fuegos acá aparecen recontextualizados. Sin embargo, por su falta de unidad, ese actuar en un nuevo contexto no ocurre, y es precisamente que aquello ocurra lo que le exigimos al montaje de Teatro Momentáneo. Para que el intertexto y la recontextualización de los elementos del viejo textos en el nuevo se concreticen se requiere más información. En ese sentido, la obra se construye como las ideas en la mente de los niños, quienes creen que no es necesario completarlas al exponerlas pues piensan que todos saben lo mismo que ellos saben. El niño, sin embargo, aprenderá con los años que si formula un discurso al que le falta información, nadie podrá entenderlo.


El peor de los problemas de 28-4-6-1, sin embargo, es que cuando ya finaliza la acción dramática (si es que realmente hubo una), a la obra no le queda más remedio que explicar lo que no pudo construir en toda la función. Pero al explicar la supuesta relación de los fragmentos no relacionados a través de la indicación del significado del título de la obra, esta construcción (no) dramática, apela a remover lo emotivo y lo ético en el espectador. Indudablemente después de esto, los aplausos del público, que ya habían comenzado, aumentan en estridencia y culpa. No vayan a pensar que uno es tonto o insensible, seguramente pensará alguno de los que aplaude.

28-4-6-1 de la Compañía Teatro Momentáneo.
Dirección: Carla Achiardi Echeverría.
Dramaturgia: Flavia Radrigán Araya.
Elenco: María José León Wichmann, Elisa Vallejos Ureta, Viviana Galdames Wilson,
Claudio Santana Bórquez.
Música: Daniel Marabolí Bernales.
Diseño escenografía: María Isabel Fuenzalida Robles.
Diseño vestuario: Marcia Pavez Urquhart.
Diseño iluminación: Carola De Negri Leiva.
Diseño gráfico: Claudia Paillalef Córdova.
Fotografía: Jorge Aceituno Moreno.
Realización audiovisual: María Pavez Urquhart y Claudio Aguilar.
Realización vestuario: Jennifer Ramírez Vergara.Asistente de dirección: Stefany Mancilla
Salinas.