viernes 20 de enero de 2012

EL HIJO DE MADONNA, UN AUTOSABOTAJE

Pinche sobre la foto y acceda a la crítica de la obra El hijo de Madonna de la Compañía de Teatro La Junta, o léala más abajo en este blog:


Por Federico Zurita Hecht.

El hijo de Madonna de la Compañía de Teatro la Junta es un montaje sobrecargado de información que tiende a algo que podría ser definido como fragmentación de la acción, pero que finalmente constituye una divagación que produce ruido en la formulación de discursos. Los acontecimientos se originan con un grupo de campistas que, en mitad de la noche, se preguntan por el mito que señala que un hijo de Madonna viajó a Sudamérica y se encuentra perdido en algún lugar no conocido. Entre las diferentes especulaciones que surgen, se señala que este es un viaje místico de conocimiento interior y cada personaje construye su versión de acuerdo a lo que le parece más atractivo. De forma intercalada se muestra el proceder de unas mujeres indígenas que realizan un negocio en el que explotan a los gringos que buscan la Sudamérica cursi. Este negocio, ideado por otros gringos, busca proveer a los mismos extranjeros, de algún objeto valorado por sus propiedades pintorescas.

El problema de El hijo de Madonna no está en la aparente fragmentariedad de los acontecimientos, pues la constitución de ésta no afectaría la unidad de acción. Ejemplo de aquello son los montajes Multicancha y Celebración del año 2010 o la obra 2010 Instrucciones de uso del 2009, en la que además participaban tres de los miembros de la Compañía la Junta. Es la tendencia a la divagación la que constituye un atentado a la unidad, lo que en El hijo de Madonna se evidencia en la falta de jerarquización en la elección de los acontecimientos incluidos en la fábula. En algunos momentos parece que se busca la risa vacía y no la construcción de símbolos que, en su significado (irónico, por ejemplo), hagan reír.

Esta forma de divagación, emanada de una elección estructural (con lo que el problema es de dramaturgia y, en alguna medida, de dirección, pero jamás de actuación), termina ocultando los verdaderos méritos de El hijo de Madonna. Efectivamente hay un intento, logrado sólo en cierta medida, de discutir acerca de la construcción identitaria de sociedades que han sido colonizadas política, económica y sobretodo culturalmente por otras sociedades dominantes. De esta forma, la relación de valoración (de elementos del dominante o del dominado) y de obtención de dividendos (por parte del dominante o el dominado) se manifiesta siempre en función de una imposición del dominante. El hijo de la reina del pop, entonces, adquiere un valor simbólico en esta formulación, el que se pierde en la ya descrita estructuración de los acontecimientos.

Otros elementos valorables que parecen perderse en este atentado a la unidad, son el caos controlado (presentes con fuerza simbólica en los montajes Hurlyburly, 2010 Instrucciones de uso y El Once, todas obras donde es posible identificar a miembros de La Junta) y la noche interminable en la que ocurren los acontecimientos en esta Sudamérica perdida. Al entender El hijo de Madonna, como haríamos con cualquier montaje, como una textualidad, consideramos que esta obra falló en la edición (si es que este concepto tomado del mundo editorial sirve como metáfora para graficar el problema). El hijo de Madonna es un ejemplo de una formulación discursiva que atenta, inconscientemente, contra su propio discurso.

El hijo de Madonna.
Compañía: La Junta.
Dramaturgia: Camila Celis.
Dirección: Gonzalo Venegas y Esteban Cerda.
Elenco: Manuela Mege, Pablo Mois, Constanza Muñoz, Juan Pablo Troncoso, Ximena Sánchez.
Diseño integral: Benjamín Pinto.
Música: Patricio Barrientos y Gonzalo Vargas.
Técnico: Christian Aguilera.
Producción: Nicole Sazo.